Giselle Blondet

¡Ay Virgen de la Altagracia, esto está color de hormiga brava!

Cuando escuché por primera vez que Giselle Blondet había escrito un libro que se titula “Tengo 50 y, ¿qué?” quedé sorprendida por dos razones; la primera porque no parecía tener 50 años (de hecho, al momento de escribir esta entrevista son 51 y parece que cada día se pusiera más bella), y la segunda porque tenía el valor de decirlo, sobretodo en el marco de una cultura latina que nos invita a acuñar la creencia de que la edad no se dice, especialmente si se es mujer. Así que, junto con la sorpresa de esta nueva creación artística de Giselle, nació mi deseo por entrevistarla. Primero obviamente, me compré el libro en versión digital, lo devoré completo y después de contactar e intercambiar algunos correos electrónicos con Valerie y Karina de LatinWe, pudimos concretar la entrevista. A continuación el resultado que espero disfruten tanto como yo.

“Ser testigo del amor existente entre mi padre y mi madrastra impactó mucho mi vida”.

Mi primera pregunta fue, ¿quién es Giselle Blondet? A lo que contestó de manera reflexiva, pausada y con esa gracia característica de su voz: “Soy madre de tres hijos que adoro con todas las fuerzas de mi corazón, una mujer luchadora, trabajadora, positiva, siempre pensando qué puedo hacer para crecer, mejorar mi calidad de vida y la de los míos y sobretodo una mujer con mucha fe”.

Y acto seguido me di cuenta, que la maternidad es algo a lo que da especial importancia, pues aparte de ser lo primero que utilizó para definirse a sí misma, en su libro se refiere en varias ocasiones a su propia madre, el impacto de ella en su vida y la conexión eterna que mantienen, aún después de la muerte.

– De todas las enseñanzas de mi madre, lo que más me ha marcado es lo mismo que he tratado de pasarle a mis hijos”, explicó en medio de la entrevista, “que la familia es lo más importante, es lo primero, es lo que mantiene a uno con lo pies en la tierra. Que en la vida uno siempre tiene altas y bajas, y que en los momentos donde se está más alto, es cuando más cerca de la tierra uno debe mantenerse. Que hay que luchar por lo que se quiere y que cuando se persevera con constancia, uno crea su propia ‘Buena Suerte’, es decir, que la buena suerte no es más que el resultado de la constancia, perseverancia, fe y responsabilidad: una combinación que te ayuda a lograr las cosas con las que sueñas”. Argumentó, y en medio de estas palabras pude notar que allí residía la razón de su éxito.

¿Y que hay de tu padre?, me aventuré a preguntar.

Mi padre fue un hombre increíble que amaba escribir poesía, un gran declamador. De hecho, mi personalidad es muy parecida a la suya

incluyendo mis gustos por la comida. Era un hombre guapo, picaflor (según mi madre), amado por todo el mundo y con una voz de locutor que me era capaz de encantarme cuando me decía: “Hola amada hija, ¿como estas?. De el heredé mi sentido del humor y el gusto por la vida”, y siguió contando cómo fueron los últimos minutos de la vida de su padre y cómo le había impactado ser testigo del amor existente entre él y su madrasta. “Quiero tener la oportunidad de compartir con una pareja hasta el último suspiro de mi vida.”, dijo con la voz de llena de emoción y sinceridad.

 “Constancia, perseverancia, fe y responsabilidad: la combinación que ayuda a lograr los sueños”

Y después de saber un poco sobre su historia familiar, quise conocer más a fondo aspectos de su vida actual y su libro. Como el hecho de que recibió las llaves de la ciudad de San Juan, de su natal Puerto Rico en el 2007. “Ese gesto significó mucho para mi”, dijo al respecto “pues fue una muestra de cariño muy grande de parte de mi gente; de hecho, suelo hacer bromas con eso, le digo a cualquiera que necesite ir San Juan: “tengo las llaves, te abro cuando quieras”. Terminó diciendo entre risas, poniendo en evidencia su facilidad de divertirse con cualquier cosa. A lo que reaccioné preguntando: Giselle, ¿Cual es tu secreto para siempre estar contenta?

* Pues la verdad es que no siempre estoy contenta. A veces tengo momentos donde me pongo triste, nostálgica por la ausencia de mi madre, preocupada por mis hijos o por el trabajo, como todo el mundo”, confesó. “Pero también tengo disciplina y en los momentos más difíciles practico el ejercicio de sonreir, porque cuando sonríes automáticamente empiezas a sentirte mejor”

Y continuamos conversando sobre su libro y cómo todas las conferencias que ha dado llevando este mensaje sobre quererse a uno mismo la han marcado de forma diferente, de cómo su mayor satisfacción es ver que hay mujeres que han cambiado su vida después de leerlo o asistir a alguna de sus charlas, cómo se vistió de valentía y contó cosas en su libro que nunca

había dicho, solamente con el fin de cumplir con su cometido de ayudar a otros a través de la lectura de lo que ha escrito, a pesar del dolor o la angustia que esto pudo haberle representado.

Así que, puedo decir que Giselle es una mujer valiente, divertida, generosa y sobretodo muy bella, por dentro y por fuera. Y si me preguntaran a mi cual es la parte de la entrevista que más me gustó, diría que fue su respuesta cuando le pregunté: Giselle, ¿si tu vida fura una película que nombre tendría? “Ay Virgen de la Altagracia, esto está color de hormiga brava”.

Giselle nos dice…

La vida… El mejor regalo que Dios.

El matrimonio… gran compromiso que hay que mantener con amor e inteligencia.

Los hijos… la bendición más grande que alguien puede recibir.

Los hombres… son la mejor compañía, la oportunidad de celebrar el amor.

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